Cuando hablamos de cómo aumentar nuestra productividad hay un sinfín de consejos y lecturas que tratan de ayudarnos a incrementarla. Desde hacer rutinas de trabajo que incluyan caminatas, establecer horarios, mantener despejada el área, seguir diferentes métodos para organizarse, poner plantas en el escritorio, tomar suplementos alimenticios y aplicar tácticas para mejorar la concentración y la memoria, y un largo etc.
Sin embargo, a pesar de lo útil que puedan parecernos estos tips, no todos los días amanecemos con la disposición de hacer las cosas y el mayor reto radica en cómo mantenernos motivados o convencernos de hacer lo que tenemos que hacer de todas formas. ¿Te ha pasado?
Nadie se salva de estas situaciones…hasta los más productivos han tenido estos malos días en el que tu propio ser conspira para que no hagas nada. Y es que todos hemos pasado por esos días en la que nuestra disposición para realizar las tareas parece haberse esfumado y buscamos cualquier excusa para distraernos. La cama como que se vuelve más sensual y nos invita a que nos acostemos un rato o el caso de que la TV justamente tiene tu programación favorita.
Cada quien tiene su método favorito de evasión de tareas: algunos recurren a las redes sociales, otros van de video en video buscando el más gracioso o que llene el espacio de la actividad a realizar, otros prefieren limpiar usando como excusa que no pueden trabajar sino ven todo ordenado y como taza de porcelana. Lo cierto es que hacemos todo, menos lo que debemos hacer y pensamos que el mejor remedio para esto es incitarnos a la motivación.
Oliver Burkeman, autor del libro El antídoto. La felicidad para las personas que no soportan el pensamiento positivo, expresa: “¿Quién dice que necesitas esperar hasta sentirte con ganas de hacer algo para empezar a hacerlo? El problema de esta perspectiva no es que no te sientas motivado, es que te imaginas que necesitas sentirte motivado… Si puedes entender tus pensamientos y emociones sobre lo que sea que estás dejando para después, como una fluctuación transitoria en el clima, te darás cuenta de que tu resistencia a trabajar no es algo que necesite ser erradicado y transformado en algo positivo. Puedes coexistir con ella. Puedes notar tus ganas de procrastinar y trabajar de todas formas”.
Si prestamos atención a este consejo, veremos cuán útil puede llegar a ser. Nos libera de tener que forzarnos, manipularnos o empujarnos a sentirnos motivados, productivos o positivos todos los días.
La vida tiene distintas emociones, aristas y fluctuaciones, pero no hay que dejar que éstas nos dominen…mucho menos dejar que definan nuestra existencia. El caso de la productividad es especialmente importante para muchas personas porque, como alguna vez dijo Christopher Parker: “La procrastinación es como una tarjeta de crédito: es muy divertida hasta que te llega la cuenta”. Y seguir este consejo puede hacer que ese momento deje de ser motivo de angustia.













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