En nuestro paso por las instituciones académicas se “vislumbra” el camino que podrían tener aquellos que su Coeficiente Intelectual es muy elevado: una vida llena de éxito y logros por la tan notoria inteligencia que posea ese alumno en particular. Este es el pensamiento generalizado por muchos, en todos los extremos de la sociedad.
El Coeficiente Intelectual (CI) nace gracias al psicólogo Lewis Terman en la Universidad de Stanford durante la I Guerra Mundial. El objetivo de este era clasificar la inteligencia de las personas mediante un examen escrito en el cual, se clasificaban los conocimientos matemáticos, lingüísticos y de razonamiento.
Se tiene la creencia de que las personas más inteligentes son las que tendrán una vida próspera gracias a los conocimientos adquiridos y bien retenidos durante su formación académica. Y, aunque es muy cierto que la información suministrada y almacenada en nuestro cerebro en los años que pasamos por la escuela y la Universidad es importante para la vida, ésta no lo es todo.
Es muy común encontrar personas con capacidades un tanto limitadas que comentan con orgullo su grado de inteligencia académica para que tengas presente que estás hablando con alguien muy inteligente. Lo cierto es que, esas mismas personas y sus coeficientes elevados han fracasado tanto en sus negocios como en la vida personal.
¿Inteligencia de las emociones?
Estudios revelan que hay otro tipo de inteligencia mucho más importante que cualquier aptitud académica que se pueda tener. Hago referencia a la Inteligencia Emocional la cual, sin duda alguna, es una de las características más relevantes a la hora de emprender o de realizar cualquier acción en tu vida.
Según Daniel Goleman, famoso escritor y autor del bestseller La Inteligencia Emocional, “La inteligencia emocional es dos veces mas importante que las destrezas técnicas o el coeficiente intelectual para determinar el desempeño de la alta gerencia”.
La Inteligencia Emocional (IE) no es más que la habilidad para reconocer, entender y manejar bien las emociones en nosotros y en la interacción con otros. Está vinculada a las aptitudes que implican el gestionamiento y la regulación las emociones en uno mismo y en lo demás; estas a su vez pronostican un rendimiento excelente en el entorno laboral.
Los últimos estudios realizados arrojan que la IE es el factor de éxito más importante en cualquier cosa que desempeñes en tu vida, mucho más que el CI o el tecnicismo. De hecho, dichos resultados expresan que más del 85% del éxito de grandes líderes de reconocidas empresas, deben su logro al buen uso de la Inteligencia Emocional.
Si en nuestra educación no se tomara al CI como el determinante de nuestro futuro sino que se trabajaran todas nuestras capacidades conseguiríamos, en primer lugar, niños mucho más felices y futuras personas más plenas. Se erradicaría el fracaso escolar y podríamos tener más conocimiento sobre las capacidades en las que necesitamos trabajar más. En resumen, nos enseñarían a mejorarnos a nosotros mismos.
“Lo que realmente importa para el éxito, carácter, felicidad y logros vitales es un conjunto definido de habilidades sociales, no solo habilidades cognitivas que son medidas por tests convencionales de coeficiente intelectual”, Daniel Goleman.













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