Muchos emprendedores invierten gran parte de su tiempo en una cruzada por encontrar a esos clientes ideales, aquellos que amen la marca, la apoyen y siempre quieran tener más de ella. Si bien, todo el que está en el mundo de los negocio quiere esto. Realizar una búsqueda exhaustiva y exclusiva para ello, se traduce llanamente en un derroche de tiempo y energía en una meta, digamos tan incorrectamente delimitada.
Los clientes no se van a cazar como presas, sino que se recogen como flores en el camino para luego guardarlos como el mejor tesoro encontrado. Regándolos, abonándolos y cuidándolos con la intención de mantenerlos por siempre vivos y frescos. Este enunciado puede parecer algo romántico, pero llevado fines prácticos es el ideal.
Clientes buenos o malos ¿Cuál elegir?
Todos quisiéramos mantener nuestra cartera llena de clientes que no se quejen, que no pongan objeciones, complaciente y que siempre estén abiertos a nuestras sugerencias. Pero la realidad es que si sólo conservamos con nosotros únicamente a este grupo, nuestras posibilidades y productividad no nos reportaría grandes ganancias a fin de mes.
Sabiendo esto, es hora de que renuncie a la búsqueda incansable de ese cliente ideal y redirecciones esa energía en mantener a todos los grupos por igual.
Referente a ellos vamos a manejarlos en tres grupos:
- Los ideales: ya hemos hablado de ellos, son amable, abiertos a sugerencias y les encanta comprar sin objeciones. Lastimosamente son muy raros o no se crean de buenas a primeras. Si se trabaja bien cualquiera, sin importar en cual grupo esté, puede llegar estar en este lugar. Todo dependerá de tu esfuerzo.
- Los indecisos: pueden pasar horas sin saber qué decisión tomar, se entretienen en cualquier aspecto para lanzar al aire una de sus interminable diatribas: “Lo compro ahora o luego, el blanco o el negro, si es blanco se ensucia, si es negro es muy oscuro”. En este caso se toma en cuenta todas las herramientas que tenga en su mano el vendedor para guiar a este consumidor a una compra.
- Los retadores: No les gusta nada, siempre están en la búsqueda contante de la calidad y para a hacerlo hacen notar cualquier mínimo defecto que tenga algún producto. En este caso se vuelve atender las necesidades “seguridad, tiempo y dinero”. Haciéndoles saber que su opinión es importante y que lo que le ofreces es lo mejor disponible hasta ahora.
Como ves no se trata de clientes buenos o malos, sino del tratamiento que le das a cada uno de ellos. Si haces un buen trabajo. Tu éxito será gratificado con una venta.













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