Dos perros y un jaguar

0

Un día hablaba Ignorant con Erudite y le dijo:

-Erudite, desde hace mucho tiempo entre un comerciante, vecino mío, y yo estamos practicando una competencia salvaje y desleal, de modo que haciendo daño a nuestros negocios, mutuamente y esforzándonos más en perjudicar al otro que en llevar nuestros negocios de forma diligente.

 

Y ahora se ha instalado en la ciudad otro comerciante,  más fuerte que nosotros dos. Está usando las peores artimañas para diezmar nuestros negocios.

 

Mi vecino me ha sugerido que nos unamos y preparemos nuestra estrategia contra él, ya que si los dos estamos unidos podremos hacerle frente con mayor facilidad y haremos una férrea defensa; pero si vamos cada uno por nuestro lado, no podremos vencerle y, cuando uno de los dos desaparezca del mercado, el que quede será vencido aún más fácilmente.

 

Pero tengo serias dudas en este asunto; si hacemos las paces tendremos que fiarnos el uno del otro, pero  si mi vecino me quiere engañar y somos aliados, mi negocio correría peligro.

Pero por otra parte, si no nos unimos como me sugiere, podemos desaparecer del mercado los dos.

 

Por la confianza que tengo en ti y por tus buenos consejos, te pido que me indiques como debo actuar.

 

-Ignorant -dijo Erudite-, el asunto es interesante y al mismo tiempo peligroso. Para que sepas que es lo mejor que tienes que hacer, me gustaría contarte la historia de los dos perros y el jaguar.

 

Ignorant  le pidió que comenzara.

-Ignorant -comenzó Erudite-, hace mucho tiempo, el hombre cazaba arriesgando su vida y dependían de su caza para poder sobrevivir. La carne de los animales cazados era el sustento para sus familias.

 

En una aldea de un rincón de la lejana sabana, vivían dos cazadores. Cada día, al amanecer, armados con lanzas y acompañados de sus dos feroces perros, se adentraban en la peligrosa sabana.

Entre ellos, existía una  estrecha amistad. No así ocurría con los dos cánidos que, desde bien temprana edad, se odiaban salvajemente a muerte, pues de cachorros comieron los sesos de una hiena que habían cazado sus dueños. Los ancianos de la aldea  decían que quién comía los sesos de una hiena se volvía inmediatamente rabioso.

 

Siempre desearon la transformación de ese odio en compañerismo, siquiera. Pero al avanzar la edad de los canes ese rabioso odio se arraigaba más y más.

 

Desde hacía un tiempo y debido a las constantes peleas de los animales, las capturas se habían reducido de manera sensible, ya que las presas olían la rabia de los perros desde la distancia y no se acercaban  lo suficiente para que las lanzas pudieran alcanzar su objetivo. Por lo que el sustento para sus familias se estaba viendo diezmado.

Necesitaban encontrar un remedio. Tenían mucho aprecio por sus perros, pero más aún era el amor a sus familias.

 

Y el remedio llegó.

 

Un día fueron a ver al “Ermitaño del Jaguar”, el gran sabio de la aldea vecina, que tiempo atrás se retiró a las montañas donde vivía con un jaguar. Era un hombre respetado por todos.

 

Entraron en la cueva donde vivía el ermitaño y al verlos les preguntó por el motivo de su visita.

– Estamos desesperados, gran sabio. Necesitamos tu consejo.
– Consejos, consejos… -murmuró el ermitaño-, todos necesitáis mis consejos… ¿Se puede solucionar todo a base de consejos?

 

Los cazadores empezaron a contarle al ermitaño que sus perros, desde bien temprana edad, se odiaban salvajemente a muerte, pues de cachorros comieron los sesos de una hiena. Tal era el odio que se profesaban que cuando las presas olían la rabia de los perros desde la distancia no se acercaban   lo suficiente para ser cazadas. Y si no cazaban, sus familias no tenían alimento que llevarse a la boca.

– El jaguar… el jaguar transforma a todos… -musitó el ermitaño.

– Creemos en tus soluciones. Ayúdanos.

El ermitaño les aconsejó que se fueran y dejaran a los perros con el jaguar.

– Volved cuando hayan pasado 6 lunas. Si el jaguar los ha transformado en amigos, vuestro problema se habrá solucionado. Si no, también acabará, pues servirán de alimento para el.

 

Los dos cazadores se fueron cabizbajos, esperando el paso de las lunas.

 

Al verse los perros juntos en la cueva del felino, antes de que el jaguar  saliese a su encuentro empezaron a pelear con más rabia que nunca. Estando en lo más violento de su pelea, apareció el jaguar y, cuando los perros lo vieron frente a frente, empezaron a temblar, acercándose el uno al otro.

 

Cuando estuvieron juntos, pegados, como si fueran un solo perro, permanecieron un rato frente al jaguar y luego se lanzaron los dos contra él, al que atacaron con zarpas y dientes de un modo tan feroz que, el jaguar, tuvo que buscar refugio en el interior de la cueva.

 

Los dos perros no sufrieron ningún  daño, porque no pudo herirlos, ni siquiera un rasguño y, después de haberlo amedrentado, los canes se hicieron tan amigos que comían y dormían juntos. Y los cazadores volvieron a llevar alimento a sus familias.

 

Esta fuerte amistad nació por el miedo que les produjo la presencia del jaguar.

 

»Tu, Ignorant, si crees que tu vecino comerciante tiene tanto miedo del otro comerciante y necesita tanto esa unión, que forzará olvidar vuestra desleal competencia, piensa que sin ti no puede hacer frente al otro comerciante, y del mismo modo que los perros se fueron acercando poco a poco hasta perder el odio mutuo y estuvieron seguros el uno junto al otro, del mismo modo debes confiar poco a poco en tu antiguo competidor.

 

Estudia y analiza,  medita bien las circunstancias y su comportamiento ante ellas. Y si estás seguro de que no traicionará vuestra alianza por muy bien que vaya su negocio, actuarás bien  y vuestra alianza será útil para que  no desaparezcan ambos negocios.

 

Ceder, aliarse y compartir mercado es defender los negocios contra las agresiones de la competencia. Ya que obtener beneficios compartidos de un negocio activo es siempre mucho mejor que la propiedad unipersonal de un negocio desaparecido.

 

Pero si la constante insistencia de tu competidor saca a la luz argucias y dudosas artimañas, eso es porque tiene más cosas ocultas que las que te ha mostrado. Se astuto, no te dejes llevar y piensa que cualquiera de los dos perros se pudo haber aliado con el jaguar y hubiera sido el fin del otro.

 

Ignorant agradeció a Erudite su enseñanza, pues comprendió su sabio consejo.

 

Perspicacia, Astucia, Paciencia e Inteligencia,

piezas del mecano de la Sabiduría.

(Relatos de Ignorant y Erudite)