Hoy más que nunca todas las empresas, cualquiera que sea su tamaño y sector de actividad, deben competir en un entorno global, disponer necesariamente de la tecnología de la información más moderna y saber aplicarla de forma eficaz y rentable.
1. Introducción
En este contexto, escoger las herramientas tecnológicas adecuadas para administrar la organización interna, optimizar los procesos y planificar la actividad, significa adquirir la capacidad para competir en nuevos escenarios.
Las empresas pueden tener distintas dimensiones, pero todas deben desarrollar actividades similares (comprar, vender, mantener relaciones con los clientes, llevar la contabilidad, administrar el personal y adaptarse a las modificaciones de las normativas legales y financieras). Por lo tanto, también las pequeñas y medianas empresas deben adoptar tecnologías que soporten plenamente los objetivos de la empresa y que permitan reaccionar de forma rápida y flexible ante los acontecimientos externos, interviniendo en la organización comercial, en la logística de producción y en la toma de decisiones financieras.
El enfoque tradicional, que tiende a predominar todavía hoy, tiene a la empresa como centro del análisis. Así, las grandes empresas son comparada con la pequeña y las mediana de donde resulta, en la mayoría de los cotejos, que aquella opera con ventajas respecto a estas. En efecto, las grandes empresas suelen disponer de poder de mercado, produce amparada en economías de escala y dispone de influencias que las empresas de menos tamaño por lo general no tienen.
Este enfoque determina, obviamente, las políticas de fomento a las micro, pequeñas y medianas empresas, concebidas como unidades que deben ser reforzadas en aquellos aspectos que, se supone, presentan más debilidades…
Es bueno reiterar que cuando se menciona a la pequeña empresa se hace referencia a aquella que reúne cierto tamaño mínimo que la habilita a disponer de equipo gerencial, esfuerzo de marketing y algún acceso, aunque limitado, a los flujos financieros formales (bancarios y, eventualmente, del mercado de capitales).
Se presentara en el siguiente seminario el comportamiento de las PYMES en tiempos de crisis y como afectan los indicadores adversos de desempleo generalizado, la mala economía imperante a nivel global e interna del país en el desarrollo de estas.
El sector denominado PYME en especial en los países de un grado semejante o inferiores a Chile juegan un rol fundamental en el desarrollo y formación de los sectores medios y bajos de la sociedad contribuyendo a generar un adecuado factor de ingresos para el país.
Estas posen un gran poder generador de empleos (estables o temporales) y a la vez emplean a la mano de obra mas abundante en nuestro país, siendo esta calificada como no calificada .Produciendo así un mejoramiento de los niveles de desempleo existentes en la población (generando trabajo) . De este modo es como las PYME forman un aporte a la industria chilena ya que ayudan a los grandes productores a generar sus productos.
Así mismo las PYME Según la definición de CORFO, pequeña y mediana empresa es aquella cuyas ventas anuales se encuentran entre 40 y 1.600 millones de pesos. Esta acepción es una de las más utilizadas en nuestro país, porque define el rango de estas unidades productivas que pueden beneficiarse con los programas de fomento productivo de dicha institución. En el ámbito internacional, el concepto de pequeña y mediana empresa suele asociarse principalmente a los niveles de ventas y, en menor medida, en el número de trabajadores. Pero, en definitiva, en el exterior la clasificación PYME corresponde a una empresa de un tamaño superior a la utilizada en Chile.
En Chile, en la mayoría de los casos, la PYME es una empresa de origen familiar, dedicada a la prestación de servicios o fabricación de un producto, ya sea intermedio o de consumo final, que orienta su negocio por lo general al mercado interno.
Entre las PYME, se encuentran empresas de los rubros textil, cuero y calzado, plástico, químico, madera y muebles, imprentas y metalmecánica, todas ellas insertas en sectores transables, muy afectos a la competencia con importaciones.
En muchos casos, estas industrias han visto disminuir su participación de mercado respecto de los productos extranjeros durante las últimas décadas, pero en algunos otros, han conseguido niveles de competitividad suficientes como para afrontar la competencia internacional e incluso exportar.
Los avances a nivel local y la llegada de productos importados, obliga a la PYME a estar en un permanente proceso de profesionalización de su gestión, modernización tecnológica para incrementar la productividad y redefinición estratégica del negocio, para posicionarse en un nicho de mercado específico. Sin embargo, un alto porcentaje de éstas, o no ha iniciado este proceso, o tiene dificultades para llevarlo a cabo, ya sea por falta de capacidad interna, o porque el funcionamiento de los mercados financiero y tecnológico, no se adecua a sus necesidades y características.
En promedio, la PYME tiene entre 15 y 150 trabajadores, en su mayoría semicalificados, que han aprendido un oficio mediante la experiencia y la capacitación en el mismo puesto de trabajo. Es muy usual que los empleados del área producción se hayan especializado en una función tras seguir una carrera de varios años, comúnmente al interior de una misma empresa o rubro.
En el segmento de las PYME, usualmente los cargos directivos son ocupados por integrantes de la familia propietaria, en las áreas de administración y producción, cuyas funciones no se encuentran definidas formalmente. Por su parte, las industrias de mayor tamaño suelen haber profesionalizado la dirección de las áreas funcionales de la empresa e incorporando ejecutivos y directores no relacionados con la familia controladora.
Uno de los grandes desafíos para la PYME de carácter familiar, es lograr la independencia de su gestión respecto de la propiedad, desplazándola a un plano netamente técnico. En las industrias más pequeñas, este problema se encuentra incluso en las finanzas de la organización, que con dificultad son independientes de las finanzas familiares.
En conjunto, las PYME, emplean alrededor de 360 mil trabajadores, lo cual constituye un 48% del empleo generado por la industria manufacturera y un 6,8% del total del empleo nacional. Su magnitud es algo menor al número de trabajadores contratados por el sector construcción y cerca de la mitad de los ocupados en la agricultura. No obstante, el empleo industrial es de carácter mucho más estable y permanente que el de los otros rubros mencionados.
De las casi 90.000 empresas PYME registradas en nuestro país, un 13%, que corresponde a 11.577 empresas, se ubica en el sector manufacturero. A su vez, estas PYME industriales, constituyen el 29% del total de empresas que conforman la industria manufacturera.
Respecto de la composición de la PYME, un 24% es del sector metalúrgico-metalmecánico; un 23% de alimentos; un 20%, textil; un 11% corresponde a imprentas y editoriales; un 10% a madera y muebles y un 9% a la industria química.
2. PYME
Clasificación de las PYME
a) Mediana empresa : Son aquellas en las cuales existe una diferenciación a nivel de funciones de dirección y administración, pero el capital queda en manos de una persona o de un grupo familiar, por lo tanto queda limitado Según la Corporación de Fomento de la producción (CORFO 2001)
| Tamaño | Valor Ventas anuales en U.F. |
| Microempresa | menos de 2.400 |
| PYME | entre 2.400 y 100.000 |
| Gran Empresa | mas de 100.001 |
b) Según el Servicio de Cooperación Técnica (SERCOTEC 2001)
Tamaño
Numero de empleados
Microempresa
1 a 9
PYME
10 a 199
Gran Empresa
mas de 200
c) Según CEPRI (Centro de Producción Integral 2001)
De acuerdo a las Clasificaciones de PYMES es importante determinar lo siguiente:
Precisar correctamente -¿se trata de una simple crisis?, ¿es ya catástrofe? o ¿estamos en el tránsito de la primera a la segunda?, ¿tránsito global en el que algunas partes de las empresas ya están sufriendo la catástrofe mientras otras todavía empiezan a sufrir la crisis?- es fundamental pues la estrategia que se lleve dependerá de esa valoración. Las cifras y las estadísticas sobre el empeoramiento de la situación son cada vez más alarmantes indicando que lo que se define como «Crisis» esto está llegando ya al desbordamiento ¿irreversible?. Frente a este panorama mundial, colectivo, ¿podemos hacer algo?.
La respuesta a la pregunta anterior nos lleva inevitablemente al cuestionamiento de determinados dogmas y paradigmas fundamentales que legitiman la irracionalidad capitalista. La administración es mucho más que el conocimiento de las interrelaciones variables y delicados equilibrios inestables de todas las partes de la organización. También es una concepción filosófica de la existencia que confirma puntos básicos del materialismo histórico. El concepto de «calidad de vida», por ejemplo ¿es compatible con el consumismo y todo lo que legitima y exige?. A su vez, ¿la «calidad» es compatible con el «crecimiento», por ejemplo?. Pero el problema no es tanto de discusiones teóricas y semánticas, de innegable importancia, sino de comportamiento práctico colectivo e individual, permanente y consciente. Ahora bien ¿no puede acarrear un descenso financiero el llamamiento a una vida austera y sin lujos superfluos por mucho que aclaremos qué es la «calidad de vida»?. O en otras palabras: ¿es rentable seguir endeudándose da coherencia?, y si no lo es ¿qué tenemos que hacer?.
Ya hace poco tiempo se ha estado murmurando sobre una palabra que esta remeciendo el sistema conocido del mundo empresarial “CRISIS” que es esto, que significa, que se entiende, a quien afecta, han sido las grandes interrogantes que se han establecido en estos momentos .
Sin duda alguna la palabra crisis ha calado hondo en el mundo empresarial y se ha tratado de salvaguardar a las empresas nacionales. Pero esto ha generado que se cuiden algunas y que se olviden otras es el caso de las PYME o sector productivo que no genera muchas ganancias al estado. Para ello en este trabajo se tratara de poner o dejar bien en claro que es una crisis a quien la afecta y especialmente como afecta al sector productivo llamado PYME en el desarrollo de sus RRHH.
Las ventas en las PYMES
Iincluye los sectores correspondientes a la producción de bienes como Minería e Industria, los Servicios de electricidad, gas y agua (E.G.A.), la Construcción y los Servicios Comerciales y de Transporte. No considera, en cambio, los sectores agrícolas, financiero ni los servicios comunales, sociales y personales.
| EMPRESAS | VENTAS ANUALES | |||||
| Cantidad | % | % | 1.000 UF | % | UF/Empresas | |
| Sin ventas | 237,964.0 | 40.5 | Excluidas | —– | —- | X < 1UF |
| Micro Empresa | 283,856.0 | 48.3 | 81.2 | 134,800.7 | 3.0 | 474.9 |
| PYMES | 61,337.0 | 10.4 | 17.6 | 785,886.1 | 17.4 | 12,812.6 |
| Grandes | 4,195.0 | 0.7 | 1.2 | 3,599,512.9 | 79.6 | 858,048.4 |
| Subtotal excl. S/ventas | 349,388.0 | 59.5 | 100.0 | 4,520,199.7 | 100.0 | 12,937.5 |
| Total | 587,352.0 | 100.0 | —– | —– | —– | —– |
Fuente INE 2002
El universo comprendía en el año 2000 cerca de 590.000 empresas. De ese total, el grupos “sin ventas”, es decir, con menos de 1 UF de ventas anuales, alcanzaba el 41% del total de las empresas. Las “micro-empresas” (1 a 2.400 UF de ventas anuales) representaban un 48% del total. El grupo conformado por las “empresas pequeñas” (2.400 a 25.000 UF de ventas anuales) alcanzaba el 9%. Las “empresas medianas” (25.000 a 100.000 UF de ventas anuales) sólo llegaban al 1,4% y las “empresas grandes” (más de 100.000 U.F. de ventas anuales) apenas alcanzaban al 0,7%. Contrastan estas proporciones con las ventas realizadas por cada grupo. Así las grandes empresas realizaban el 80% de las ventas; las medianas, el 9%; las pequeñas, el 8%; y las micro empresas, sólo el 3% del total esto demuestra que cada vez más se acercaban más la PYMES a la crisis económica de la cual tanto se hablaba.
Se incluyeron la totalidad de las PYMES (pequeñas y medianas) y las micro-empresas de más de 600 UF de ventas anuales. Estas alcanzan aproximadamente 80.000. De este modo, el universo considerado en el estudio se compuso de 140.000 empresa.
El principal indicador es el valor de las ventas y tiene por objeto expresar el nivel de actividad de las empresas y su variación con respecto al mismo semestre del año anterior. En este caso, el resultado se refiere al primer semestre del año 2001 con respecto al del primer semestre del 2000.
Se muestra un ligero aumento de 2,9% del valor nominal de las ventas de las medianas, pequeñas y micro-empresas (Mipymes) entre los dos semestres considerados. En ese período, las empresas medianas aumentaron sus ventas nominales en 4,8%; las pequeñas subieron 2,1% y las microempresas disminuyeron en un 0,2%. Si se consideran las variaciones de precios del período, es probable que las ventas reales hayan disminuido o permanecido en el mismo nivel.
La parte de las ventas de las Mipymes dirigidas al mercado externo es bastante débil. Sólo alrededor del 4,5% de las empresas exportaron y el valor exportado representó alrededor del 3,5% de sus ventas totales. Existe, sin embargo, una diferencia importante entre las empresas medianas y las pequeñas ya que las primeras tienen una actividad exportadora dos veces superior a las pequeñas. En general, las Mipymes realizan casi la totalidad de sus ventas, más del 95%, en el mercado interno.
Desde otro punto de vista, sin embargo, las exportaciones de estas empresas representan cerca del 5% de las exportaciones chilenas y del 14% de las exportaciones no tradicionales. Se advierte entonces una paradoja: las Mipymes son relativamente importantes para el Comercio Exterior, sobretodo para el sector no tradicional, pero el Comercio Exterior no es muy importante, por ahora en el corto y mediano plazo, para el conjunto de las Mipymes. En efecto, para aumentar sus ventas en 1% sólo por medio de exportaciones, se requerirían que éstas aumentaran en cerca de 30%. Desde luego, existen grupos de unidades para las cuales este aspecto es muy importante, aunque no lo sea para la gran mayoría de las empresas consideradas.
El resultado general que se muestra en materia de empleo en las Mipymes entre los primeros semestres de los años 2000 y 2001, es una disminución en todos los tramos de tamaño y en todos los sectores económicos considerados, con la excepción de los servicios de utilidad pública (Electricidad, Gas y Agua, E.G.A.). El grupo más afectado es el de la micro-empresa con una disminución de 5,8%. Esto es coherente con la posible disminución de las ventas reales ya señalada. El número de trabajadores por empresa disminuyó ligeramente en el sector de las pequeñas y medianas. Pero, la reducción más significativa tuvo lugar en las micro empresas.
En distintos estudios, tanto las ventas como los trabajadores por empresas se utilizan para definir los diferentes tramos de tamaño de esas empresas. En ese sentido, hay que advertir que la estratificación de tamaños por ventas resulta bastante diferente de la que se efectúa de acuerdo al número de trabajadores. Por ejemplo, la estratificación por ventas incluye unidades con un número de trabajadores menor que la segunda..
Las ventas nominales por trabajador aumentaron en las empresas de todos los tamaños y sectores económicos. El aumento fue de 5,2% para el total del grupo Mipymes con un mínimo de 2,4% en el conjunto de tamaños y sectores. Esto sugiere que en términos reales los valores de ventas por trabajador se han mantenido o han aumentado ligeramente.
Las remuneraciones nominales, por su parte, han aumentado muy débilmente; sólo en 0,9% para la totalidad de las Mipymes y un máximo de 1,9% para el grupo de empresas pequeñas. Estos resultados indican que casi con seguridad las remuneraciones reales han disminuido. Esto junto a un eventual aumento o mantenimiento de las ventas reales por trabajador, indican que su costo salarial real ha disminuido aunque en un porcentaje más bien débil.
Los productores de las Mipymes estiman que sus precios de venta se han mantenido o aumentado muy débilmente. Incluso en el caso de las micro-empresas habrían disminuido levemente. Escapa a esta situación el sector de Servicios de Utilidad Pública (E.G.A.) que acusa un aumento de 6,5%. Por otra parte, los empresarios declaran que los precios de compra de sus insumos (materia prima, productos intermedios, servicios) han aumentado en forma significativa en todos los sectores económicos y tamaños en montos que giran en torno del 7%. Según esta información, el sector Mipymes estaría sometido a un “ efecto de tijeras” ya que sus costos en insumos aumentan con respecto al valor de sus ventas.
El menor costo salarial real pareciera insuficiente para compensar la disminución del margen por la causa anterior. A esta situación se agregan los costos financieros que son bastante elevados. No debe sorprender, en consecuencia, que se produzca una disminución general importante de las utilidades (o aumento de las pérdidas) en todos los tamaños y sectores del Universo Mipymes.
La renegociación de las deudas de las Mipymes fue, sin duda, la medida más importante que se tomó este año en relación con estas empresas.
Es así como se incorporó una pregunta destinada a examinar el avance del proceso al inicio del segundo semestre del año 2001. Los resultados indican una situación más o menos parecida en los tres tamaños considerados. Un poco más del 50% de las empresas ha iniciado la renegociación y la ha terminado sólo el 8% del total de ellas. Estas últimas corresponden sólo al 5% de las microempresas, y entre 11% y 12% pertenecen a los otros grupos. La mayor parte de las renegociaciones iniciadas, en consecuencia, se encontraba en trámite en los meses de julio y agosto del 2001.
Estos resultados pueden subestimar en cierta medida los porcentajes de renegociaciones terminadas y en curso debido a que un porcentaje de las empresas que no ha iniciado el trámite no está interesado en hacerlo y, por lo tanto, el universo de candidatas a renegociar es inferior al del total de empresas consideradas.
La importancia de la renegociación para las Mipymes se puede apreciar en el porcentaje de las ventas que representan los pagos por amortización, intereses, comisiones, y otros gastos ligados a la deuda.
En todos los tamaños este gasto es prácticamente del 20% de las ventas. Sectorialmente éste se eleva a un 25% en el caso de la Minería y del Transporte. En el resto, es del orden del 20% o menos. Esta carga es considerable en cualquier circunstancia pero, sin duda, en una situación de estancamiento de la ventas, su pago regular pasa a ser prácticamente insostenible.
La información anterior se complementa con la concerniente al grado de endeudamiento de las Mipymes respecto a su patrimonio.
Al observar los antecedentes, se puede apreciar que éste es más bien bajo para las empresas pequeñas y un poco más importante para las medianas, pero en los dos casos es razonable y apenas un poco más importante que la carga semestral resulta, en consecuencia, que el problema financiero principal de este grupo de empresas parece ser la estructura de plazos y de tasas de interés, y no el de un sobreendeudamiento.
Este resultado parece razonable si se considera que éstas empresas tienen en general un acceso restringido al crédito.
Las Mipymes, en su conjunto, declararon estar conectadas a Internet en un 22% y por conectarse en el segundo semestre del año 2001, un 7% adicional. Existe, sin embargo, una fuerte diferencia por tamaños. Las empresas medianas están conectadas en un 60%, y había más de 7% por hacerlo en lo que restaba del año. Las pequeñas tienen conexión en el 32% de los casos con una previsión de 8% adicional en el segundo semestre de 2001. Finalmente, las micro-empresas utilizan Internet sólo en un 11,4%. Ese porcentaje debería haber aumentado en 6% en el resto del año.
Desde el punto de visa de los sectores, los porcentajes más altos para el conjunto Mipymes corresponde a las empresas de la Construcción y del Comercio al por Mayor con 44,8% y 44,1% respectivamente.
El mercado del Trabajo en Chile
Un acercamiento inicial a las características del mercado del trabajo se desprende de la estructura que éste posee. Los gráficos siguientes nos muestra el perfil de la ocupación y combinados permiten conformar un relieve de este ámbito de la economía.
Dos elementos resultan particularmente importantes: sobre el 67% de los ocupados son trabajadores asalariados y que el 64% se desempeña en actividades de servicios. El primer antecedente se combina con la distribución de la ocupación según tamaño de empresa, lo que nos lleva a que casi la mitad de los ocupados se desempeñe en microempresas de menos de 10 trabajadores, quienes son precisamente los más afectados por la crisis actual y los que arrastraban las condiciones laborales más deterioradas. La alta proporción de trabajadores que se desempeñan en actividades de servicios se relaciona con los impactos de la apertura económica implementada en el periodo de el Gobierno militar que se tradujo en una paulatina desindustrialización en favor de actividades relacionadas con la extracción de recursos naturales y el crecimiento de los servicios asociados. Con todo, este fenómeno en el mercado del trabajo es propio de las formas de modernización capitalista en los países periféricos.
A estas condiciones generales se suma la extensión de las jornadas de trabajo donde se aprecia un paulatino descenso durante los últimos años, que refleja la ampliación de los trabajos a jornada parcial, que en general presentan más altos niveles de precariedad.
Unido a la disminución de la jornada promedio semanal se puede observar una mayor participación de la mujer en las jornadas inferiores a la de carácter regular de 48 horas, lo que se explica tanto por la vulnerabilidad que enfrentan en el mercado del trabajo, como por las restricciones sociales que enmarcan su inserción.
Otra de las variables estructurales del mercado del trabajo es la distribución del ingreso que se produce en su interior, es decir la distribución funcional y el efecto que produce en la distribución personal. Chile presenta una de las peores distribuciones del mundo, lo que es efecto del deterioro de la situación de los trabajadores durante el Gobierno militar, situación que no se ha revertido hasta ahora. Si bien, durante lo últimos años el volumen total de personas pobres ha disminuido desde representar un 47% de la población en 1987, a poco más del 20% en la actualidad, esto es resultado de la ampliación de la ocupación durante la década del ’90 y por tanto de los ingresos familiares totales. Sin embargo, dado la baja calidad de los empleos y de las remuneraciones, esto se ha traducido en una distribución más regresiva del ingreso.
En el contexto actual de contracción, uno de los signos del impacto en el mercado del trabajo se encuentra, además de en los ámbitos de ocupación y desocupación, en el comportamiento de los salarios reales, los que han disminuido de manera importante las tasas de variación que venían experimentando. Mientras en 1994 venían creciendo por sobre el 5%, en el año recién pasado aumentaron sólo un 0,7%. En el caso del Salario Mínimo Legal, la década del ’90 observó un importante incremento, que acumulado representa cerca del 50% real, el que sólo se ha venido a moderar en los últimos años.
Esta estructura general del mercado del trabajo en Chile, se encuentra sujeta a las condiciones actuales de la crisis y el estancamiento que se experimenta en la actualidad. Los principales efectos de la incapacidad de recuperar tasas altas de crecimiento, como las observadas durante la década del ’90, se encuentran en el mercado del trabajo.
3. La persistencia de la desocupación
Como señalamos, la desocupación persistente es el principal síntoma junto a la desaceleración de la actividad y el gasto, del estancamiento en que se encuentra la economía chilena. Al primer trimestre de 1999, cuando la crisis aún no se desataba en Chile, la tasa de desocupación alcanzaba al 5,3% y en el segundo trimestre del presente año se ubicó en 9,7%.
Un primer problema se vincula a la mantención durante todo el periodo, de altas tasas de desempleo, lo cual contrasta con el crecimiento de 5,4% que experimentó el producto el año 2000. La explicación fundamental de este hecho radica en que los sectores que explican el crecimiento señalado, son los rubros de exportación y dentro de ellos los productores de recursos naturales.
Estos sectores demandan una escasa cantidad de fuerza de trabajo. Es el caso de la minería, que explicando un 45% de las exportaciones y un 11% del producto, sólo contribuye con 73 mil puestos de trabajo, es decir el 1,4% de la ocupación total. Mientras el crecimiento se encuentre explicado por los recursos naturales exportables, la tasa de desocupación se mantendrá en los rangos actuales.
Analizado por sectores el problema, la Industria, la Construcción y la Minería aparecen como los que han sufrido el impacto mayor en términos de empleo. En conjunto perdieron desde inicios de la crisis 220 mil puestos de trabajo, correspondiendo el 60% sólo a la Industria.
Un segundo problema se refiere a una condición de más largo plazo en la economía chilena y que ya refleja un carácter estructural. Es la tasa de absorción o, en otros términos, la capacidad de crear puestos de trabajo.
La tendencia general que muestra Chile con respecto al Empleo en los rangos presentados y que refleja durante la década un persistente deterioro en la capacidad de creación de nuevos puestos de trabajo por cada punto de crecimiento del producto, resulta inquietante. Esto, sin olvidar que la economía presentó en la mayor parte de ese periodo altas tasas de crecimiento.
Las implicancias de esta situación se enmarcan en los debates recientes respecto a un eventual agotamiento del modelo de crecimiento o el inicio de un proceso de esta naturaleza.












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