Cuantas veces le imprimimos todo el funesto dramatismo que nuestro cerebro emocional le puede otorgar a una situación. Es que, si lo dejamos a merced de esta parte de nuestra anatomía, las penurias y miserias pueden tomar proporciones descomunales. O por el caso contrario, somos de esas personas que le quitamos la importancia a todo, absolutamente a todo.
Ninguna de las dos conductas son sanas, pues en la vida existen situaciones que ameritan cierto grado de atención y con esto no quiero decir desesperación y estrés. Sino verdadera atención, como dice el dicho popular “no se preocupe, ocúpese”, en este caso en su justa medida.
Vamos a describir estos dos extremos:
Actitud sin importancia: “Relax”
Esta es la actitud despreocupada, seguro conoces a alguien así. Esta conducta fuera positiva si se tomaran todo con calma, pero al mismo tiempo accionaran. Pero lamentablemente no es así.
Son personas a las que les encanta minimizar todo, desde sentimientos, ajenos claro está, lo suyo son importantes, personas, situaciones, trabajos, tareas y todo.
Si hay algún fallo por ejemplo en cuanto al trabajo, dice “relax”, “tranquilos” o alocuciones similares, prácticamente las usa como defensa, ya que según, no hay de qué preocuparse. Se presenta con más fuerza cuando lo que acontece tiene algo que ver con sus acciones.
Esto se da por no aceptar parte de su responsabilidad y jamás desean aceptarlo. Viven enteramente en la zona de confort o no les gusta ser sacada de ella.
Si debes trabajar con una persona así, debes tomar en cuenta que no son las más comprometidos. Sin embargo, si creas una forma de mantenerlo en conocimiento de su papel y responsabilidades pueden llegar a ser operativos. Constantes revisiones, reuniones de enfoques y asesorías son las idóneas para reducir esta conducta.
Si eres uno de ellos, debes saber que el no comprometerte, no crea metas para que puedas llegar al éxito. Tú eres el resultado de lo que haces. No tengas miedo de asumir responsabilidades y ejecutarlas con determinación.
El drama excesivo no resuelve
Si bien hay momento de nuestra vida en donde la angustia y el estrés nos embarga. Lo realmente importante es no aferrarnos a ese estado perennemente pues mientras estemos allí, no resolveremos nada y nos hundiremos más en la desesperación porque no se ha solucionado esa situación que nos roba la paz, que paradójicamente no se ha resuelto porque estamos en ese estado.
En otras palabras, está bien sentirnos momentáneamente alicaídos, más no recrearnos en ese sentimiento hasta convertirlo en un monstruo que nos va a engullir por completo y a sumergimos en la oscuridad absoluta.
Como ves, ambas conductas son extremas, pero bloquean completamente nuestro rango de acción, afectando considerablemente el éxito de lo que emprendamos o queramos lograr, ya sea un negocio o una relación amorosa, proyecto, evento, etc.
Darle la intensidad de atención adecuada a las cosas, depende de la importancia, urgencia, funcionalidad que tenga para tu vida y la de tu entorno. Si no tienes idea de cómo empezar, te recomiendo hacer una lista con todo lo que hagas que no creas importante o que te angustia y ver como cada elemento influye de alguna manera en tu vida. Tú mismo verás y discernirás que medida aplicarle a cada uno y con medida me refiero a acción.
Como dice mi abuela “Ni tan calvo ni con dos pelucas”.













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