La persona responsable de una empresa no ha de ser experta en contabilidad, pero sí conocer toda la información que le permita dirigir, gestionar y planificar de la forma más correcta, para contribuir a su consolidación. Y la contabilidad genera una información muy rica que, correctamente explotada, proporciona una gran ayuda para gestionar la empresa y puede configurarse como punto de partida para la toma de decisiones estratégicas.
Ante la obligación legal de tener una contabilidad en regla, una empresa puede optar por tratar todas las operaciones contables internamente, confiar la contabilidad a un suministrador externo o administrarla de una forma mixta (interna y externamente). Todo dependerá de las necesidades de la empresa, en ocasiones determinadas por su tamaño o fase de desarrollo en la que se encuentre.
La empresa que recurre a un asesor contable externo – servicio que, por lo general se complementa con otros como asesoría fiscal, laboral, etc. – ha de tener claro qué es lo que espera de él, esto es, definir sus necesidades, así como establecer previamente el procedimiento de trabajo y la remuneración prevista para cada prestación. Para una empresa de pequeña estructura y reciente creación quizás no sea posible contratar a una persona que se dedique exclusivamente a la contabilidad, por lo que recurrirá a un asesor externo generalista. Pero también las empresas de cierto tamaño, aunque dispongan de un departamento de contabilidad propio, pueden solicitar un asesor contable durante un aumento temporal de actividad, o cuando surja una cuestión delicada que no es posible resolver desde la propia empresa.
Obtener información regular, de calidad, acompañada de comentarios o valoraciones que ayuden a gestionar mejor la empresa ha de ser el objetivo a la hora de subcontratar a un asesor contable.
No se trata sólo de cumplir las obligaciones que la ley marca – llevanza y legalización de libros y depósito de cuentas anuales (balance de situación, cuenta de pérdidas y ganancias, memoria e informe de auditoría, si procede)- sino de llevar a cabo un tratamiento de la información que se adapte a la empresa, y que sea lo suficientemente claro para que pueda sacar de ella sus conclusiones. En este sentido, el establecimiento de ratios (rentabilidad, estructura financiera, tesorería, facturación por empleado…) podrá servir al empresarios de gran ayuda.
Un asesor contable que conozca el sector de actividad de la empresa o esté especializado en algún tipo de contabilidad (comercial, industrial, de servicios y financiera o bancaria) podrá aportar a su cliente un valor añadido. Pero también demostrará su capacidad adaptándose a las necesidades cambiantes o puntuales del cliente y adquiriendo con él un compromiso que le lleve a estar disponible en caso de urgencia.












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