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Reflexiones a ser consideradas (II)

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RESUMEN

Las palabras por sí solas nada valen… La esencia del amor no es lo que pensamos o hacemos o aportamos a los demás; antes bien, es cuánto entregamos de nosotros mismos. 

En la medida que nos identificamos con la relevancia y alcance de nuestro desarrollo personal cumplimos con nuestra verdadera misión. En este escrito, compartimos aportaciones que nos han legado quienes han sabido aprovechar la oportunidad de estar y crecer. 

ALGUNAS REFLEXIONES

· Osho nos señala que La mejor forma de perder la vida es tener una cierta actitud ante ella.

Las actitudes tienen su origen en la mente, y la vida supera la mente. Las actitudes son nuestras creaciones, son nuestros prejuicios, nuestras invenciones. La vida no es creada por nosotros; al contrario, nosotros somos sólo ondas en el lago de la vida.¿Qué clase de actitud puede tener una ola con respecto al océano?¿Qué tipo de actitud puede tener una hoja de hierba hacia la Tierra, la Luna, el Sol o las estrellas? Todas las actitudes son egoístas, todas las actitudes son estúpidas. La vida no es una filosofía, no es un problema; es un misterio. Tienes que vivirla, no de acuerdo a cierto patrón de conducta, no de acuerdo a un condicionamiento, de acuerdo con lo que te han contado sobre ella. Tienes que empezar de nuevo, desde cero. 

· No me interesa saber lo que haces para vivir. Quiero saber cuál es tu dolor
y si estás dispuesto a soñar para encontrar el anhelo de tu corazón. No me interesa saber que edad tienes.

Quiero saber si arriesgarás parecer un tonto, por amor, por tus sueños, por la aventura de estar vivo. No me interesa saber que planetas circundan tu luna.

Quiero saber si has tocado el centro de tu propia tristeza, si has estado abierto a las traiciones de la vida o si te has vuelto marchito y cerrado por miedo a mas dolor! Quiero saber si te puedes sentar con el dolor, tuyo o mío, sin moverte para esconderlo, disminuirlo o arreglarlo. Quiero saber si puedes estar con la alegría, tuya o mía y si puedes bailar libremente y dejar que el éxtasis te llene desde las puntas de los dedos de tus manos y hasta los pies, sin advertirnos ser cuidadosos o realistas o recordar las limitaciones de ser humano. No me interesa si la historia que me cuentas es cierta.

Quiero saber si puedes desilusionar a otros por ser sincero contigo mismo; si puedes soportar la acusación de la traición, sin traicionar tu propia alma. Quiero saber si puedes ser fiel y por lo tanto ser digno de confianza. Quiero saber si puedes ver la belleza, aún cuando cada día no sea hermoso y si puedes nutrir tu vida desde la presencia de Dios como fuente. Quiero saber si puedes vivir el fracaso, tuyo o mío. Y aún así, pararte en la orilla de un lago y gritarle a la luna plateada… ¡Si! No me interesa saber dónde vives, o cuánto dinero tienes.

Quiero saber si te puedes levantar después de una noche de dolor y desesperación, abatido hasta los huesos, y hacer lo que necesita ser hecho para los niños. No me interesa saber quién eres, o cómo llegaste aquí.

Quiero saber si te puedes parar conmigo en el centro del fuego y no retroceder. No me interesa dónde, qué, o con quién has estudiado. Quiero saber si te sostienes desde adentro cuando todo se cae a tu alrededor. Quiero saber si puedes estar solo contigo mismo. Y si verdaderamente disfrutas la compañía que mantienes en tus momentos vacíos. Oriah Mountain Dreamer 

· Aurelio Mejía, nos lega, que es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, puedes perder la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, cerrando puertas o cerrando capítulos. Como quieras llamarlo, lo importante es dejar ir momentos de la vida que se van clausurando. ¿Terminaste con tu trabajo? ¿Se acabó la relación?

¿Ya no vives más en esa casa? ¿Debes irte de viaje? ¿La amistad se acabó?.

Puedes pasar mucho tiempo de tu presente revolcándote en los porqués, en devolver el casette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho, pero el desgaste puede ser innecesario porque las experiencias de la vida son como hojas de árbol que caen al río del tiempo: algunas quedan atrapadas en remolinos pasajeros, pero tarde o temprano siguen el curso de la corriente. No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió y hay que soltar, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. Los hechos pasan y hay que dejarlos ir. Por eso a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, vender o regalar libros. Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.

No esperes que te devuelvan, que te reconozcan, que alguna vez se den cuenta de quién eres. Suelta el resentimiento. Si enciendes tu pantalla mental para pasar y repasar la película del asunto, lo que puedes conseguir, fuera de perder el tiempo, es amargarte y afectar a los de tu entorno cercano.La vida está para adelante, nunca para atrás. Porque si andas por la vida dejando “puertas abiertas”, por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción y libertad. Noviazgos y amistades que no clausuran, posibilidades de “regresar” (¿a qué?), Necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron… ¡Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo! Si no, déjalo ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelve. Pero no por orgullo ni soberbia, sino porque ya no encajas allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio. Ya no eres el mismo que se fue hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, pasa la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida. Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo, nada es vital para vivir, porque cuando tú llegaste a este mundo lo hiciste sin eses adhesivo; por lo tanto, es “costumbre” vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir. Es un proceso de aprender a desprenderse, y humanamente se puede lograr, porque, te repito, nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Pero cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacude, suelta. Hay tantas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. Así es la vida.

No importa lo que diga, lo que crea o lo que haga, sin amor estoy en quiebra. En ocasiones nos conducimos como si las relaciones fueran algo que conseguimos introducir en nuestros planes. Hablamos de “hallar” tiempo para nuestros hijos, o de hacer tiempo para las personas en nuestra vida. Damos la impresión de que las relaciones son apenas una parte de nuestra vida, junto con tantas otras ocupaciones. Lo que más importa en mi existencia son las relaciones no los logros o la adquisición de bienes. Entonces, ¿por qué le prestamos tan poca atención a las relaciones? Cuando estamos muy ocupados, afectamos el tiempo que dedicamos a las relaciones, quitándoles la energía y atención necesarias. La ocupación en múltiples actividades compite con las relaciones. (Revista Ojalá Hoy, No.8)

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