Sin categoría

No hay que presionar el momento, si no deseamos que el momento nos presione

0

Estaba Ignorant, dubitativo ante una oportunidad de negocio, ciertamente arriesgado y temerario, pero beneficioso para él.

Hallándolo Erudite en esta actitud, le pidió que le informara de la causa de su tribulación. Ignorant expuso su aventura a su amigo, pidiéndole consejo.

Erudite, le dijo: -Ignorant, voy a contarte una historia que  aporte luz a tus dudas.

El suceso ocurrió entre dos hermanos que heredaron una cuantiosa riqueza de su padre, que repartieron entre ambos.

Los dos hermanos, cada uno, comerciaban por su cuenta con la parte que les tocó y teniendo mucho éxito en sus negocios. Comían y bebían, cada uno en su casa según la costumbre de los grandes potentados.

Sucedió que pasado unos años, la suerte de ambos giró de manera  adversa y todo en lo que invertían perdía su capital, a pesar que invertían en negocios dispares y separados, uno del otro.

Uno de ellos perdió tanto dinero en la quinta y sexta inversión consecutiva, que de su herencia solo le restaban diez mil monedas de oro, y consideró la posibilidad de proseguir sus negocios pidiendo créditos a los banqueros.

Con la considerable suma conseguida a crédito, realizó grandes inversiones en variadas mercancías. Arriesgando, definitivamente, su capital y cincuenta mil monedas de oro de los banqueros.

Las mercancías eran enviadas, aprovechando arriesgadas expediciones marítimas, a distintas ciudades de la Ruta de los Negocios, pensando que por mal que fuera su suerte, si perdía en uno de los envíos, en los otros ganaría.

Pero su intento tampoco resultó fructífero, siquiera una de sus expediciones le reportó ganancias. Perdió en todas. Las pérdidas dejaron un catastrófico saldo negativo, perdiendo sus diez mil monedas de oro y las cincuenta mil de los banqueros, por lo que su deuda ascendió a la impagable cantidad de sesenta mil monedas de oro.

Sin embargo su hermano, cuando vio que perdía en la sexta y séptima operación realizada, se retiró del mercado. La mercancía que todavía disponía, la convirtió en dinero efectivo, es decir, monedas de oro; vendiendo además, sus propiedades, utensilios, adornos y alhajas de su mujer. Puso a buen recaudo las monedas de oro disponibles, enterrándolas bajo tierra.

Buscó trabajo por la ciudad durante días, hasta que encontró a un antiguo competidor al cual se ofreció como empleado, a cambio de la paga suficiente el justo sustento alimentario para él y su familia.

Trabajó para el comerciante, desempeñando fielmente su labor durante seis años.

Pero cierto día, su patrón recibió una importante ganancia por el desempeño diligente de las labores realizadas por el empleado, siendo obsequiado éste con la suma de doscientas monedas de oro.

Otro día de esa misma semana, caminando por las calles de la ciudad en dirección a la feria, halló una bolsa con la suma de cien monedas de oro.

La siguiente semana, acudió al rastro para adquirir una prenda de abrigo usada y adquirió un viejo y pesado abrigo confeccionado a base de retales de toscos tejidos, por valor de cuarenta centavos.

Al llegar a su casa, percibió un abultamiento en el forro de la prenda, descosió cuidadosamente el interior, y salió a relucir una bolsita llena de perlas que valían dos mil monedas de oro.

Como le acontecieron estos afortunados hechos por tres veces consecutivas, entendió que su suerte había dado un vuelco positivo.

Sacó de su recaudo las monedas de oro que había ocultado, e invirtió en negocios fiables parte de su capital.

Y, procediendo cautelosamente, todo lo que intentaba, fructificaba y obtenía pingües beneficios. Volvió a recuperar los utensilios de su casa, los adornos y las joyas de su mujer. Llevando una vida placentera.

Éste, que fue presionado por el momento, desistió de todo intento inversor, ocultó su dinero en la tierra y trabajó como de empleado, el momento lo favoreció, beneficiándose por ello.

Por el contrario, su hermano, que presionó al momento solicitando créditos y realizando inversiones arriesgadas, forzando los acontecimientos, el momento lo presionó a él, haciéndose poseedor de una enorme deuda,

Y tú, Ignorant, medita en lo que ahora te digo, que todo el que presiona al momento, el momento lo presionará, y a la inversa, quién acepta la presión del momento sin oponerse, finalmente éste lo favorecerá.

 

Relatos de Ignorant y Erudite

 

Qué debe contener un plan de negocio

Previous article

El suceso del corregidor de Soditrap con Quiet, el eremita de Fjansuit

Next article

You may also like

Comments

Leave a reply