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Las empresas crean sus universidades empresariales

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Muchas empresas se han dado cuenta de la relevancia, el alcance que genera el capacitar, formar, desarrollar habilidades de su personal y han tomado muy en serio este rol, sobre todo cuando han evaluado lo que ello representa para su desarrollo, su expansión a otros escenarios.

Al respecto se sabe como lo señala Jeanne C. Meiester, en su libro dedicado al análisis de este tipo de universidades, lo siguiente: «Las empresas son testigos de la cada vez más corta vida útil del conocimiento, situación que las llevó a percatarse del hecho de que no podían seguir dependiendo de las instituciones de educación superior para renovar su fuerza laboral. En su lugar, emprendieron la tarea de crear sus propias «universidades empresariales», con el objetivo de lograr un control y una propiedad más estrictos del proceso de aprendizaje, estableciendo vínculos más estrechos entre los programas de aprendizaje y las metas y estrategias reales de la empresa».

Se agrega, que las empresas, al acoger el principio de la educación permanente, tratan de transformarse ellas mismas en centros de educación permanente de su personal, convencidas de que deben estar siempre en la vanguardia del conocimiento para ser competitivas en un mundo globalizado.

Carlos Tünnerman, nicaragüense, con mucha experiencia en lo concerniente a educación, comenta además, que la aparición de estas Universidades Empresariales o Corporativas plantea un reto a la Universidad clásica, pues, evidentemente, lo más indicado sería que las empresas recurran a ellas para el adiestramiento de su personal y para sus necesidades de investigación. Sin embargo, esto supone que la Universidad clásica se transforme también en un centro de educación permanente, abierto a todas las edades, flexibilice sus requisitos de ingreso y sus estructuras y otorgue reconocimiento académico a las experiencias laborales. Y aún más importante: que revise constantemente sus planes y programas de estudio para que el conocimiento que imparte sea el más actualizado. Todo esto se podría lograr con un mayor y mejor acercamiento entre la Universidad y el mundo productivo.

De ahí, que el fenómeno del surgimiento de este tipo de instituciones empresariales debería representar no un peligro o amenaza sino un reto para la educación superior tradicional, siempre y cuando no se sacrifiquen ciertos principios que son de la esencia misma de la Universidad clásica: su autonomía, su libertad de cátedra y de investigación; su función crítica y su concepto del conocimiento como bien público, que pertenece a la humanidad y que no puede ser simple mercancía.

A ello podemos agregar, que las universidades, en el caso venezolano, han descuidado muchísimo su vinculación con las empresas, no se han sabido compenetrar con las necesidades reales de éstas, por ejemplo, las Facultades, Escuelas de Administración, no activan convenios dinámicos que les permita a los futuros profesionales involucrarse en las empresas a través de pasantía que evalúen que tan adecuados son los conocimientos que se están impartiendo, que tanta vigencia tienen, que soluciones aportan, cuáles debería ser los conocimientos a impartirse. Evaluar si realmente el perfil el administrador, del ingeniero está bien definido de acuerdo a lo que el presente exige.

editorial

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