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La Responsabilidad Social Corporativa (RSC): concepto esencial y comprometedor

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1.- Un concepto confuso

Con respecto al tema de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC), existe una multitud de opiniones y conceptos confusos y contrapuestos en directores, políticos, consultores y periodistas. En la empresa, de entre 200 opiniones telegráficas, hemos seleccionado aleatoriamente las 10 siguientes:

1.- Son políticas medioambientales.

2.- Es cuestión de tecnología.

3.- Es buena como palanca de negocios.

4.- Es cuestión de diálogo, comunicación y transparencia.

5.- Es mala como elemento limitador y restrictivo.

6.- Es cuestión legal en la que todavía hay un vacío.

7.- Es muy complicada para PYMES.

8.- Es “sostenibilidad”. Un compromiso con la comunidad.

9.- Es la gran olvidada por lo difusa y poco clara.

10.- Normalmente es un despilfarro.

Como se ve, es casi imposible extraer una conclusión concreta, no obstante, como somos optimistas, esperamos clarificar el concepto haciendo las siguientes reflexiones:

2.- Perspectiva Global

Vayamos por partes: Obsérvese la figura adjunta. En ella hemos reflejado 12 grupos de interés con los que la empresa puede tener relación, y por tanto, es responsable de su impacto sobre cada uno de ellos. El rectángulo amarillo representa el conjunto de la empresa propiamente dicha que incluye los grupos 1 y 2. Las flechas rojas indican los diferentes grupos sobre los que puede tener influencia.

Comentemos brevemente cada uno de los 12 grupos:

1.- D G.- Director General. Lo que la empresa o la RSC bien orientada exige es su responsabilidad personal. El DG es el responsable de desarrollar las personas, productos, servicios, procesos, mercados, canales de distribución, organización y el espíritu de trabajo. Orienta la empresa en torno a unos u otros supuestos y creencias que desea o no desea. Es el motor y el timón en el establecimiento de la cultura corporativa. Para bien o para mal; y va forzosamente de arriba hacia abajo. En el análisis final, el DG es el único responsable de ella y de la RSC.

El lector ya sabe que, en rigor, no existe la “responsabilidad social”. La responsabilidad es siempre personal. La tiene “alguien”; no algo. El DG tiene la obligación moral de ser eficaz y de tener un alto grado de discernimiento sobre el trabajo que lleva entre manos y una completa formación antropológica para ser capaz de tomar las decisiones adecuadas en esta enrevesada encrucijada.

Es irresponsable cuando simplifica en exceso, quiere acabar pronto, evita tener que reflexionar o se considera un simple representante del capital y por tanto le acaba faltando el respeto a algo (medio ambiente, por ejemplo) o, lo que es mucho peor, a alguien.

Un buen primer ejecutivo superará la simplificación errónea de creer que su primera obligación es hacer ricos a unos pocos o simplemente cuidar el entorno. Su primera obligación es ser capaz de reconciliar los objetivos divergentes de los 12 grupos de la figura con diversos intereses, siendo responsable y profesional. No es fácil hallar el punto de equilibrio. Exige madurez, es decir liderazgo, y pensar qué clase de empresa quiere desarrollar y en la que desea trabajar.

Josemari

editorial

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