Gestionando las emociones para emprender

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Todos conocemos personas con una gran inteligencia que, sin embargo, fracasan en muchos aspectos de sus vidas, son personas que tienen carreras académicas muy brillantes que no están en concordancia con los resultados que obtienen y tampoco con los niveles de felicidad/satisfacción con los que viven y suelen tener dificultades.

En otros post hemos hablado de la inteligencia emocional y todo lo que implica para tener éxito en la vida. En la mayoría de los casos se tiene la creencia un tanto errada, que una las personas con coeficiente intelectual muy elevado, tienen todas las de ganar para poder tener éxito en las metas trazadas a lo largo de su vida.

Lo cierto es que, este precepto no es del todo cierto. Muchos estudios han demostrado que una persona inteligente puede ser muy exitosa en el ámbito laboral debido a la cantidad de conocimientos que pudiese tener sobre un tema en específico. La otra cara de la moneda es que, cuando se hacen pruebas de desenvolvimiento con otras personas y el manejo de las emociones en determinadas situaciones, los resultados son extremadamente bajos.

Las emociones son las que nos hacen avanzar y disfrutar o “naufragar”. Si piensas en una persona a tu alrededor a la que admiras, porque consideras que tiene talento y ha triunfado ¿qué características destacarías de ella?

Probablemente respondas que es una persona que siempre está motivada, que es perseverante, se conoce y cree en sí misma, se relaciona bien con los demás, es independiente, se centra en los objetivos, sabe planificar el trabajo, supera las dificultades personales… Si es así, estamos hablando de una persona con un alto índice de Inteligencia Emocional.

Primero: Inteligencia Emocional

Para entender un poco sobre lo que se tocará en este post, lo primero que debemos esclarecer es a qué nos referimos cuando hablamos de Inteligencia Emocional. En otras notas hemos tocado este tema a profundidad, sin embargo, recordaremos un poco de qué va.

La inteligencia emocional es la capacidad que tiene una persona de manejar, entender, seleccionar y trabajar sus emociones y la de los demás, creando un ambiente de armonía entre los miembros de un equipo.

Una persona que se enfada con facilidad, que se pone triste con frecuencia o que no es capaz de controlar sus impulsos… es alguien con mala inteligencia emocional. Por el contrario, una persona que se conoce bien a sí mismo, que es capaz de pensar antes de actuar, que entiende sus impulsos, que los expresa con educación siendo sincero pero, a la vez, consiguiendo no afectar negativamente a la gente que le rodea…o que es capaz de relativizar y sentir las cosas de una forma sana…sería una persona con MUY buena inteligencia emocional.

Emociones y emprendimiento

A nivel profesional ¿Qué consideras más importante, la Inteligencia Emocional o la Racional “de toda la vida”? ¿Qué impacto pueden tener una y otra en el desempeño del puesto de trabajo?

Se ha estudiado que, para un puesto de trabajo por cuenta ajena,  el impacto de la inteligencia emocional es del 67% mientras que el de la inteligencia racional del 33%.

En cambio, en puestos directivos y para emprendedores, la importancia de la inteligencia emocional es todavía mayor, concretamente, influye en un 85% en el éxito profesional, mientras que la inteligencia emocional lo hace en solo un 15%.

¿Qué competencias dependen de la buena gestión emocional?

Por ejemplo la capacidad de liderazgo, la comunicación, la adaptación a los cambios, resolución de conflictos, cooperación en equipo, el rendimiento, manejar la presión, la toma de decisiones porque el exceso de ansiedad produce bloqueos que frenan la creatividad.

Los expertos coinciden en que escalar posiciones en una empresa o evolucionar como emprendedor, hoy en día, depende más que nada de un alto grado de Inteligencia emocional. Quienes posean este “ingrediente” serán más exitosos, se sentirán más realizados y disfrutarán del respeto de sus directivos, compañeros, equipo y clientes.

El buen manejo de las relaciones interpersonales marca la diferencia, porque muchas personas pueden tener las mismas habilidades pero la capacidad de relacionarse podría ser la diferencia, por ejemplo, a la hora de generar empatía con tus socios, colaboradores  y clientes.

La inteligencia emocional determina la actitud de una persona frente a su trabajo (y frente a su vida). La actitud y el rendimiento, claves en el éxito profesional, dependen de factores como la autoestima, autocontrol, capacidad de relación social.

El factor emocional es más importante cuanto más compleja es la situación o el desempeño de un puesto, ya que engloba aspectos como la disciplina, automotivación, perseverancia, empatía y agilidad mental entre otras.

Las personas con una alta inteligencia emocional no necesariamente tienen menos emociones negativas, sino que, cuando aparecen, saben manejarlas mejor. Tienen también una mayor capacidad para identificarlas y saber qué es lo que están sintiendo exactamente y también una alta capacidad para identificar qué sienten los demás.

Al identificar y entender mejor las emociones, son capaces de utilizarlas para relacionarse mejor con los demás (empatía), tener más éxito en su trabajo y llevar vidas más satisfactorias.