Autoayuda y superación personal

Mediocridad: un miedo que no afecta en la edad adulta

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La mediocridad, aunque usted no lo crea es producto del miedo que se ha instalado en nuestro sistema y no nos deja avanzar. Paradójicamente es el temor a la mediocridad. Creemos que si no somos perfectos no valemos nada, y nos lanzamos a nosotros mismo la máxima que si o somos perfectos en lo que hacemos, mejor o intentamos nada o no lo hacemos.

Por temor a ser tildados de mediocre o serlo, no ponemos todo nuestro esfuerzo en actividades o simplemente las dejamos de hacer.

Cuando somos niños este temor no existe en nuestra mente somos almas libres, arriesgadas y decididas ¿Pero que nos pasó entonces?

La respuesta es simple: ¡Adultos!

Sí así como mismo, fuimos influidos y condicionados por ello a base de sus temores. Antes que todo debemos aclarar que no lo hacía por mal sino para protegernos.

“Deja de montar la bicicleta que te vas a caer” “Tu no endientes estas cosas eres un niño” “¿Por qué eres tan torpe?” “No hagas eso que no te queda bien” “Tú no sirves para eso” “Deja de fastidiar”.

Fueron frases que con los años se fueron depositando en nuestro subconscientes y no hicieron creer cada día más de que no éramos capaces de comernos el mundo.

Condicionamientos capacitadores e incapacitadores

Dice un antiguo proverbio que si quieres destruir una sociedad hasta sus cimientos debes corromper a sus mujeres.

Esto se debe al lazo afectivo que las madres tienen con sus hijos, son precisamente ellas las que se dedican a modelar o enseñar el mundo a los pequeños. Son las mamas las que se dedican a enseñar a hablar, a bañarse, cuidarse  y un millón de cosa más.

Esta relación madre-hijo es la que define a mayores rasgos como comprendemos el entorno que nos rodea. Si siempre fue enfocada al descubrimiento y el aprendizaje, tendremos personas con menos temerosos a enfrentarse a la vida. Por otro lado, si la crítica y la sobreprotección estuvieron a la orden del día. Tendremos como resultado adultos más miedosos y con tendencia al conformismo y la mediocridad.

En este proceso se involucra a todos, no sólo a la madre, padres, tíos, abuelas, vecinos, maestros, etc.

La mediocridad es una enfermedad de la adultez que se va depositando lentamente hasta que  no roban las ganas y el ímpetu de hacer las cosas.

Muchas veces adaptamos nuestra creencia de poder hacer las cosas a la realidad y no actuamos fuera de ella, por lo cual la brecha de productividad y el impulso existente de motivación para realizar las cosas y alcanzar metas se va reduciendo cada vez más.

La buena noticia es que estos condicionamientos no están escritos con tinta imborrable en nuestro subconsciente, nosotros mismo, al identificar esta predisposición, podemos trabajar conscientemente para erradicarla de nuestro sistema. Para ello debemos obligarnos a tomar o tener hábitos. Más que obligarte debe ser una elección.

Recuerda siembre tener un plática contigo mismo para decirte que sí puedes hacer las cosas y de la mejor manera. Prográmate para sacar de tu sistema a la mediocridad,  prográmate para exitoso

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