En el presente articulo la temática central es el desarrollo en Latinoamérica y la agroindustria como herramienta.
El Qué del DESARROLLO
Nuestro país vive épocas sin precedentes de subdesarrollo y frustración.
Cuando nos acercamos a ámbitos en los que esto interesa, se nos presentan diferentes lecturas de la realidad nacional. Para no aumentar aún más los padecimientos, urge interpretar correctamente y obrar en consecuencia.
‘La gente se muestra más dispuesta a aprobar algo cuando más lo comprende ella. Se aferra como ancla de salvación a las ideas que reflejan su mentalidad’ (Galbraith).
Lo mismo sucede con los partidos políticos. Oímos sus voces en todos lados, todos ‘saben’ qué es lo que hay que hacer para propulsar el ansiado desarrollo, pero nadie nos dice cómo. Se reúnen intelectuales en doctas asambleas para oír lo mismo en fórmulas cada vez más sofisticadas, pero lo único que vale es lo que les conviene, lo que protege su continuidad.
Se establecen metas, pero no estrategias, se habla de vagas acciones, pero no hay compromisos.
‘Los únicos que rompen con esta ‘sabiduría convencional’ son aquéllos que no tienen que contentar a ninguna opinión pública’ (Galbraith) [1]
Identificada con esta franja asumo responsabilidad de compartir absoluta verdad.
La verdad es curativa, aunque cause por momentos inflamación y picazón, es remedio que a la postre cura la infección.
Se perdió credibilidad en los partidos políticos, la gente está cansada de tanto esperar y de abuso del proverbial ‘más de lo mismo’. Estos mismos partidos en acomodos, amiguismos y promesas incumplidas, violan derechos humanos e impiden a la sociedad ejercitar el supremo de todos, el cual es el de ‘resultar correctamente gobernada’ (Boccardi) [2].
Hacen falta compromisos, pero compromisos en serio. No basta con promesas de parte del poder mandatario de turno, con la población que lo designó. Las buenas intenciones abundan, pero se debe diseñar el marco legal que dé seriedad a la propuesta.
Las ideologías son cambiantes, también lo son las políticas aplicadas. La inseguridad de los mercados, deriva de la falta de congruencia y los constantes cambios burocráticos, políticos, legales, impositivos y económicos que afectan permanentemente, según el turno del partido que lidere por su acceso. Es menester elegir el rumbo con seriedad y mantenerlo. “No se pueden reinventar en cada gobierno los objetivos estratégicos del país” (Oppenheimer) [3].
Como las políticas se mantienen incorrectas, el inconformismo al final del período actuante genera nuevos cambios, para seguir confirmando una y otra vez, como enseña la sabiduría del sabio de los sabios, el Rey Salomón “nada nuevo hay bajo el Sol”.
Continuando con la cita del sabio, supo mantener a su pueblo en épocas de monarquía en el mayor esplendor y opulencia, lo logró a través de acuerdos y compromisos internacionales, éstos por encima del propio gobierno y lo hizo muy bien. Gozó de paz externa e interna, máxima gobernabilidad y abundancia descollante.
Los acuerdos y compromisos para que sean auténticos, fructíferos y perdurables, se deben consolidar, en mutuo beneficio, en gestión auténtica y transparente con socios extranjeros y a largo plazo. Este tipo de acuerdos supranacionales dan estabilidad y seguridad a los mercados, que deseosos de gozar de estos beneficios, no dejarán de incorporarse a las listas en pos de recibir nuestros preciados y cotizados frutos productivos.
La función del estado en este sentido, no es viajar por el mundo en busca de mercados a quienes colocarles nuestra mercadería, como corredor de plaza; será crear las bases que permitan el acceso de los marcados a nuestros productos y el acceso de nuestros productores y empresarios a los mercados.
Ingresamos ya en una era deferente, dejando atrás el antiguo régimen, se impone el establecimiento de una nueva sociedad de modelo razonado. Una sociedad que exige ser diseñada.
Este diseño se basa en la Ciencia de la Administración, que estudia y enseña como debe ser la estructura que se aplica a través de su brazo, – la tecnología.
Los clamores, aunque en gran desorden y con cierto sentido de irrealidad, exigen:
Gobernabilidad
Reducción del gasto público
Desburocratización
Achicamiento y eficiencia del estado
Desregulación
Estabilidad
Racionalización impositiva
Privatización y fortalecimiento del privado
Reconversión y competitividad
Nuevo diálogo nacional.
Lo cual (todo) se intenta resumir en un halo de misterio con el término MODERNIZACIÓN.
El modelo inteligente implica por un lado la reivindicación del Estado en sus funciones, para lo que fue constituido en juez y gendarme y la organización de la sociedad civil, que debe asumir funciones de desarrollo. Dos objetivos estos, que solo es posible alcanzar en interdependencia uno del otro. La reivindicación del estado solo será posible si se produce primero la organización y puesta en funcionamiento de la sociedad civil.
La sociedad delega en el estado las funciones que a éste le corresponden, tales como defensa, seguridad pública, relaciones internacionales. Las funciones socioeconómicas necesarias para la satisfacción de sus necesidades se reserva para sí la sociedad civil. Esto incluye proveerse de bienes y servicios propiciando emprendimientos para satisfacción de estas mismas necesidades.
Implica un programa que ponga en marcha el aparato productivo, cuyos objetivos incluyan el propender al desarrollo cultural y económico del país creando sus bases; organizar el foro permanente de la sociedad civil; elaborar diagnósticos, propuestas y planes maestros; procurar inversiones; canalizar recursos obtenidos; coordinar con el estado y las organizaciones no gubernamentales la ejecución y dirección de los planes antedichos.
Debe quedar claro que como sostuvo y probó Hayek, la sociedad no deberá porque no puede, ser organizada por ninguna mente ni grupo de mentes, es decir es un proceso de constante evolución, que resulta de la interacción de millones de seres humanos inteligentes, que actúan libremente persiguiendo sus fines, descubriendo y generando la información práctica necesaria para hacer posible su coordinación y desarrollo. Para ello solo será necesario propiciar condiciones y posibilitar oportunidades, que bien habidas no serán desaprovechadas.
Este diseño lo hacemos nosotros, la sociedad civil, no clasificada, rediseñando los nuevos instrumentos, que corresponden al nuevo gobierno inteligente – despertando a aquéllos que están fuera de la realidad e integrándose al montaje de la sociedad del siglo rediseñador que ya empezó.
El Cómo del DESARROLLO
El crecimiento de la renta real en países desarrollados, en crecimiento permanente se reconoce como consecuencia de factores originarios, entre los que está siempre presente la PRODUCTIVIDAD. Lo aclara Schumpeter en sus estudios acerca del desarrollo de los países, el capital como elemento de producción de bienes y servicios es un factor derivado, no originario.
En contraposición, en los países en desarrollo se cuenta solo dinero mal gastado… Acumulando deudas sobre las futuras generaciones y no generando desarrollo. ES como pretender cosechar en un campo habiendo esparcido la semilla por el camino.
Declaraba la CEPAL (Comisión Económica de las Naciones Unidas Para América Latina) en reunión. Junio 1948:
“El aprovechamiento nacional de los recursos naturales y de las materias primas aparece como un requerimiento imperioso para el progreso de nuestros pueblos y la estabilidad de sus economías. América Latina, pastoril, agrícola y minera, exportadora de alimentos y materias primas, necesita industrializarse para proseguir desarrollándose y otorgar a los hombres que la habitan, mejores y más altos niveles de vida. La economía de los pueblos latinoamericanos es semicolonial. Las exportaciones consisten, casi por entero, en productos de la tierra y del subsuelo, mientras que las compras al exterior son, en gran parte, manufacturadas. Esto significa, en primer término, que entregamos materias primas renunciando al derecho de transformarlas por nosotros mismos, cerrándonos así el camino que conduce al progreso y bienestar colectivos, que la industrialización acarrea como consecuencia económica y social inevitable.”
Luego agrega:
“Necesitamos industrializar y diversificar la producción destinada al consumo interno y a las ventas en los mercados del exterior, pues sólo así podremos sustraernos a las privaciones periódicas de bienes, mercaderías y productos que nos son indispensables para satisfacer las demandas normales y asegurar la continuidad del desarrollo económico. Necesitamos industrializarnos para el logro de mejores niveles de vida; para atender las aspiraciones de un bienestar que la civilización ofrece; para proporcionar a nuestros pueblos una existencia digna, libre de temores e inquietudes.”
Han pasado más de 6 décadas y el consejo… sin modificaciones…
¿Cuántos años más deberán pasar para asumir nuestro papel en el desarrollo? ¿Lo seguiremos delegando a futuras generaciones? ¿Estarán nuestros hijos o nietos en condiciones de asumirlo, o será demasiado tarde? El momento es ahora, el tiempo nos urge y ya no nos puede seguir esperando.
La realidad es que no existe ni ha existido suficiente habilidad para el uso de los recursos existentes, si no proyectamos este aprendizaje seguiremos intentando salir del agobiante subdesarrollo con creciente endeudamiento y seguiremos manuscribiendo desarrollo con pluma de pavo.
La productividad implica en primera instancia la conquista de nuevos mercados (que siempre han existido); el impulso a las exportaciones no tradicionales, las cuales llenan rápidamente el vacío dejado por ventas tradicionales en épocas difíciles y la industrialización de la producción a través de sistemas integradores de los sectores productivos.
Con el debido cuidado, al hablar de industrialización, ya que esta debe ser bien aplicada, siendo algunas industrias el peor enemigo del productor agropecuario. Ellas son quienes compran al productor la materia prima, incidida previamente por una despiadada intermediación, inflacionando el producto hasta el consumidor final, agregando precio y no valor al producto. Esta intermediación lleva al producto a precios que no responden al incremento de valor, no solo aplastan al productor primario, sino que exterminan costosos y sacrificados esfuerzos de éstos, que se desvanecen junto con sus motivaciones de progreso. Inician prometiendo soluciones al agro, generan entusiasmo y ampliaciones y pronto se convierten en fábricas de importación de materias primas de origen rural dando la espalda al productor nacional, que tras asumir compromisos para su abastecimiento, ha quedado endeudado.
Hoy sabemos que no sirve, porque no nos sirve, o porque además ya ahora es posible otra cosa, en función de la compartimentalización estanca que ha venido haciendo la economía tradicional, en producción y productores primarios por un lado; secundarios, por otro; terciarios por otro; y si se quiere, con Wiener y Kahn, cuaternarios por otro; ha tenido que surgir o más precisamente resurgir, otro sistema de producción, la que realiza el PRODUCTOR AGROINDUSTRIAL.
De esta manera, según declaraciones de CEGAN (Comité de Expertos Gubernamentales de Alto Nivel), informa por los años setenta del siglo anterior que se acrecienta en América Latina la mala distribución del ingreso, o sea que existe ingreso y que se polariza ‘malamente’ hacia determinados estratos de la población; informa que la mayoría de la población rural no se benefició de los procesos prevalecientes de crecimiento económico, nos está diciendo que hubo crecimiento económico y aquélla polarización se hizo en perjuicio de las fuentes productivas y de sus productores.
“Hay entonces más riqueza, pero va a parar inexorablemente a manos de quienes no la producen, no pagan los créditos ni sus costos, ni los insumos de la producción, ni corren los riesgos que ésta siempre comporta.
El análisis estructural indica que es la intermediación la que toma esa riqueza, la inflaciona y la canaliza hacia los estratos de la concentración. Esa concentración es la que permite la recanalización del valor creado, hacia la obra inflacionaria, ya que no se revierte a la producción, como un fertilizante, sino que se destina a través de los instrumentos de la circulación (bancos, financieras, etc.), hacia obras no productivas por un lado o suntuarias por el otro.” (Boccardi) [1].
El término Agroindustria, al que me refiero en este estudio, identifica un fenómeno productivo de simbiosis. –Se define a la agroindustria como la empresa que en una sola razón social produce materias primas agropecuarias y las industrializa, comercializando los productos resultantes, de ser posible directamente con el consumidor final.
Programas de desarrollo agrícola integrado, vinculados a empresas de elaboración de productos agrícolas son el principal factor de promoción de participación del agricultor en los mercados, al tiempo que lo estimulan a ampliar sus actividades y emprender otras nuevas, siguiendo programas propios de planificación estratégica, que lo sumergen de lleno en la ciencia y técnica de administración.
Otros beneficios son:
– Requieren alta densidad de mano de obra.
– Alta concatenación en materia de empleo.
– Moderada necesidad de capital inicial.
– Moderada competencia técnica y amplias posibilidades de capacitación ‘in training’.
– Promueven desarrollo rural y permanencia en el campo.
– Mayor vinculación del empresario rural con el mercado y la exportación.
– Mayor estabilidad de precios en productos de valor agregado.
– En productos no alimentarios (fibras, tejidos, vestuario, utilerías), permiten hacer frente a los sintéticos y fibras artificiales.
El modelo es universal, se ha aplicado en los EEUU, (Valle de Tenessee y muchos otros); en Europa post guerra, con el conocido Plan Marshall de reconstrucción (Punto IV), (incluyendo a Belgrado, Yugoslavia); en Israel, mediante las granjas colectivas llamadas Kibbutz, de carácter socialista operando en economías de mercado; en República Dominicana, Panamá, Honduras, en el marco de la ICC (Iniciativa de la Cuenca del Caribe), con su programa de agroindustrialización acelerada. Ejemplos los hay sobrados de que el modelo funciona y funciona aun en los mas diferentes ámbitos políticos-sociales-económicos, siendo independiente de las ideologías imperantes.












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