Creo firmemente en nuestra capacidad regional y nacional para diseñar nuestros propios modelos económicos, más específicamente de Administración por ser la Ciencia que debería manejar la microeconomía y por sumatoria contribuir al equilibrio o buena marcha de la Macroeconomía.
Resulta incómodo que durante más de 40 años, nuestra experiencia en el campo de la Administración en Latinoamérica, no haya generado un modelo propio de organización empresarial e institucional que nos permita estar a salvo de las oleadas de la «pasarela de las recetas gerenciales, empresariales e institucionales».

No tenemos o no hemos tenido ninguna defensa frente a esta penetración del boom librero de las «recetas de moda» y lo grave no es la oferta, que a fin de cuentas es una actividad legítima, sino la demanda indiscriminada por todo lo «nuevo» y lo «foráneo» para diferenciarnos a lo interno, realidad que es aplastante en nuestro querido continente hispano hablante.
Hemos adoptado por transfusión los modelos importados, sin analizar críticamente su contenido y hemos polarizado nuestro entorno conforme cada uno de estos elementos.
De todos, el más dañino ha sido la Reingeniería, que aprovechó el surgimiento y entusiasmo de una nueva rama de la ciencia aplicada como es el uso de los Sistemas computarizados, para tomar la fuerza joven y emergente de este sector, y sumergirnos de lleno en lo que ellos (Hammer y Champy) denominaron la revolución de los procesos.
Pero que el mismo CHAMPY se vio precisado a rectificar en su «libro en solitario» de 1995: Reengineering Management, en donde con una frescura inaudita nos dice «Ya tenemos los resultados: la reingeniería sirve…hasta cierto punto. El obstáculo es la administración». En palabras simples del arrepentido Champy: todo estuvo bien, los resultados allí están, sirven hasta cierto punto… se nos olvidó el factor humano.
La receta de la reingeniería es una de las causas lógicas de la desaceleración del sector tecnológico de la economía de Estados Unidos, aunque no lo quieran admitir.
Actúan igual que en el caso de la devaluación del dólar en 1972, en donde lo más fácil y práctico, fue culpar a los árabes por «la subida del petróleo», a pesar de saber con certeza que el patrón oro de los años 45 había fallecido de repente con la solicitud del General De Gaulle Presidente de Francia, quien pidió «oro físico» de Fort Knox para sus «billetes de dólar recogidos en el mercado europeo».
La Reingeniería de Hammer y Champy movió los inventarios de las «grandes» de la computación que estaban en un mal momento; pero el precio fue el desempleo y el riesgo de inestabilidad para muchas de las grandes firmas americanas que adoptaron la receta.
Lo que sucede hoy, es que no hay suficientes compradores de equipo y programas, sencillamente porque ya lo compraron cuando la época de la reingeniería y todavía las «grandes» están esperando el milagro de un mercado que simplemente ya no existe.
Este es mi mensaje, no es una posición xenofóbica frente a un modelo de importación, personalmente creo que nuestra solución está en una correcta interpretación del modelo de Karou Ishikawa y Edward Deming sobre Calidad Total y el mejoramiento y desarrollo continuo.
Es un voz de alerta por cuanto hay tendencia a buscar las soluciones fuera de nuestra propia realidad y lo único que se consigue es crear un nuevo problema complejo cuyos efectos secundarios no es posible prever, hasta que «nada funciona» y entramos a la «ingobernabilidad» de nuestros países.
El espíritu de este mensaje es el siguiente:
Que estudiemos con más detalle nuestro propio entorno e identifiquemos las variables ocultas y muy propias de nuestra cultura económica, para poder «adaptar» los conceptos que puedan ser de utilidad.
Pidamos prestado a la Medicina el trasfondo de las «transfusiones de sangre» y veremos que la clave para la supervivencia del paciente está en la «compatibilidad del tipo sanguíneo» no en la transfusión. Este es el punto que todos ustedes pueden y deben esclarecer para lograr hacer una contribución concreta a la solución de los problemas de nuestras economías latinoamericanas.












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