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Negocios: Servicio de entrega

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servientregaEsta historia fue publicada por la revista in en su sección, historias para no perder la fe, espero que la puedas valorarla ya que además de darte una buena idea de negocio a imitar e innovar es una fuete de inspiración.

Luz Mary Guerrero es sincera cuando afirma que “para nosotros es un juego vivir en medio de la crisis”. Esta colombiana, fundadora y presidenta de Servientrega –una compañía de mensajería con 10 mil empleados en siete países, 110 millones de envíos al año y 180 millones de dólares de facturación en 2008– está curtida por las dificultades. Las vivió desde pequeña: nacida y criada en el campo, su mayor alegría fueron unas alpargatas regaladas por su padre para que dejara de caminar descalza hasta la escuela.

En 1982, cuando trabajaba como secretaria en una empresa de carga en Bogotá, con su hermano Jesús vieron que los envíos pequeños podían demorar semanas en entregarse. Decidieron encargarse de ellos, enviándolos por bus a conocidos en otras ciudades, quienes los llevaban a destino en menos de 24 horas. Fue el comienzo de Servientrega, años iniciales que estuvieron marcados por el mal estado de la economía colombiana tras el colapso del mercado internacional del café.

Se las ingeniaron primero con sus propios autos para hacer las entregas; a fines de los ’80 ya tenían una flota de 110 camiones. Pero estos fueron embargados cuando quebró el banco que les financió el leasing. “Debimos contratar taxis para seguir operando”, recuerda.

En los ’90 se consolidó la empresa, pero el país sufrió una nueva crisis económica. Servientrega había invertido en la propiedad de un banco que cayó en quiebra. Además, el narcotráfico y la guerrilla habían convertido el despacho de correspondencia en una riesgosa aventura.

La actual crisis llegó en plena expansión de Servientrega, lo que le hizo aumentar sus pasivos, justo después de rechazar una oferta de compra por parte de una multinacional.

Luz Mary Guerrero no se hace problema, pues está segura que la mejor receta para superar una crisis es olvidarse de ella. “Como buena colombiana, nunca pierdo la esperanza y siempre conservo el buen ánimo”.

editorial

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